“Una vida feliz no consiste en la ausencia, sino en el dominio de las dificultades” (Helen Keller)
Cuando falleció imprevistamente el ex Presidente Néstor Kichrner, toda la sociedad se conmovió, ya sean admiradores o adversarios del modelo K, y principalmente “el pueblo”, que acompañó con su presencia física y/o espiritual a la actual mandataria. Ante el terrible hecho que ocasionó 51 muertos, se esperaba, en un acto de reciprocidad por parte de Cristina, acompañar a las familias que sufrieron la pérdida de un ser querido, para mitigar en algo su irreparable dolor e impotencia. Más, como Presidente de todos los argentinos (como le gusta decir) era su obligación estar junto a esos atribulados ciudadanos para solidarizarse con su presencia, o por lo menos con su palabra, y no como ocurrió, con un comunicado formalmente protocolar, que quita humanidad a su figura.
Por eso sorprendió (aunque los antecedentes hacían posible que CFK adoptara esta postura) que la Presidente “brille por su ausencia” en la tragedia del Once que conmocionó a la ciudadanía argentina. Es su estilo; así como le gusta aparecer en cuanta ocasión se presente para anunciar obras, recordar hechos, anunciar acciones de gobierno, etc., hace “mutis por el foro” cuando se presentan hechos considerados desagradables que pueden afectar la gestión K. El Poder Ejecutivo busca no hacerse responsable ni mínimamente de los mismos, sino que considera que son ajenos a su accionar y que es víctima de ellos (pretende ser querellante en la tragedia ferroviaria).
Cuando sucedió el impactante enterramiento de los mineros chilenos, por el contrario, el Presidente Piñera, estuvo en el lugar del hecho, sin medir las consecuencias, ante la incertidumbre que el operativo de salvataje montado tuviera éxito. Felizmente todo resulto bien y el mandatario chileno se vistió de estadista.
Voces periodísticas, que hasta hoy fueron incondicionalmente fieles al modelo K, hicieron conocer, modestamente en algunos casos y en otros más directamente, sus críticas negativas a la gestión en materia ferroviaria del gobierno K, antes de la tragedia, aunque centrando sus dardos en el “chivo expiatorio” Schiavi, que es sin duda el principal responsable, pero sin percibir y no decir una palabra que el susodicho responde al ministro De Vido y por ende a la Presidente. De todos modos, de una uniformidad absoluta de la prensa adicta se está pasando lentamente a criticar, por ahora, los errores que causan verdadera indignación en el pueblo (sin distinción de banderías políticas). Ojalá que este criterio de los periodistas K se mantenga y amplíe, para beneficio del país.
