Y ahora… ¿qué?

Luego de las elecciones del domingo 23, cuyo resultado no fue ninguna novedad, y pasado rápidamente tanto el entusiasmo desbordante, con baile incluido, de la inmensa masa de la sociedad (54 %) que apoyó al poder K, como la sensación de derrota, descalabro y desconsuelo, de la fragmentada oposición, que se repartieron niveles bajísimos de votos, pero que en conjunto  (46 %) sería una fuerza no despreciable. Seguramente esa sensación de felicidad como de desánimo fue fugaz, seguramente porque los resultados de las primarias hacían todo previsible y porque la vida argentina, dólar mediante, nos vuelve a la realidad.
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Un arma legal: el voto

El 23 se realizan los comicios, hoy devaluados por los resultados de las llamadas primarias, un invento exótico del poder K, que develó una significativa preferencia por la Reina Cristina y un abanico de candidatos opositores con caudales menguados, que bajaron la guardia, en general, sorprendidos y desorientados por las cifras.

A pesar de la certeza que tiene la sociedad de que se repetirán, más o menos, esos guarismos, es una obligación ciudadana ineludible votar en defensa de los ideales y realidades que tenga cada uno de nosotros y cualquiera fuera el resultado, reafirmar nuestra lucha pacífica pero constante, para contribuir a modificar o cambiar lo que está mal y apoyar lo que esté bien.

El voto es secreto, pero afirmo rotundamente que mis prioridades son combatir la corrupción y la intolerancia, el desprecio por las ideas que no son K, el maltrato a los opositores, la mentira desembozada (Indec), la inflación en constante aumento, el no respeto a la división de poderes, el menosprecio a la justicia (no acatar fallos de la Corte Suprema y la ingerencia política en otras instancias judiciales), la falta de distribución equitativa de la riqueza, la falta de calidad de la educación, la apropiación de los derechos humanos, la falta absoluta de federalismo, la falta de políticas de seguridad, etc., etc., en síntesis la negación de la República.
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El Mandinga de la copla

El rotundo resultado de las elecciones primarias del 14 A, con la reina Cristina superando el 50 % de los votos, ocasionó, como una de las principales consecuencias, un tembladeral que afectó, de distintas maneras, el arco político argentino y que motivó  un reacomodamiento de varios de los actores de distintas ideologías a posiciones lo más expectables posibles, a efectos de no quedar “mal” con el poder y creer de esa forma salvar en parte su carrera política.

No solamente la corporación política tuvo esa actitud, sino otros sectores dirigenciales, también presurosos actuaron para “adaptarse” a los próximos cuatro años de poder K, recurriendo a los más diversos métodos y actitudes para “quedar bien” con la Presidente.

En todos los casos la ética, la dignidad, los principios, los valores republicanos, etc., fueron dejados de lado, en pos de no perder el devaluado poder que dicen tener y no caer en el olvido y/o disminuir sus prebendas.
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“…esos que se hayan millones, tienen la Casa Rosada”

Una serie de acontecimientos políticos, algunos inusitados, otros esperados, se desarrollaron a partir del 16 de agosto. La Presidenta con su mensaje conciliador pos primaria, hizo dudar hasta a algunos escépticos, que se vendrían tiempos de tolerancia para el adversario derrotado contundentemente y sus simpatizantes. Pero inmediatamente, tal pensamiento quedó desterrado, al colectar una serie de expresiones denigrantes para la oposición de parte del obsecuente grupo de allegados al poder K.

El que parecía más medido, el ministro Randazzo, lanzó una serie de exabruptos, contra los diarios El Clarín, La Nación, y otros, y por supuesto contra los presentes periodistas “golpistas” de los mismos, con motivo de exponer los resultados de la contienda electoral. Además en el programa televiso super K, llamado 6,7,8, tuvo una bajeza increíble al denostar al inigualable Tato Bores, ya fallecido, pero presente entre los que guardan de él, un gran respeto político y artístico, que somos muchos. Parece que el ministro cree que en la época de la última dictadura, o había que apoyar a la misma o se tenía que ser montonero, cuando la realidad indica que la inmensa mayoría ciudadana no pertenecía a ninguno de los dos bandos o a ninguno de los “dos demonios” (según decían algunos). Otros también nefastos personajes se lanzaron también a denostar a Carlitos Balá y a otros conocidos, sin reparar, que inclusive ellos o familiares o allegados, tampoco hicieron nada y la mayor parte salieron a festejar la obtención del título máximo en fútbol en 1978 y la invasión a las Malvinas en el 1981. Y no deberían olvidar que sus admirados Cristina y Néstor, no se destacaron ni mínimamente en “la lucha” contra la dictadura y formaron parte de la inmensa mayoría silenciosa.
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De sorprendidos y desorientados

Las mal llamadas elecciones primarias, ya que resultó una gran encuesta oficial y obligatoria, realizada el 14 de agosto causaron, un verdadero estupor en propios y ajenos, o mejor dicho en kirchneristas y opositores.

Lo que casi todos presumían es que la ahora indiscutida Reina Cristina obtendría la mayoría, donde los oficialistas se jugaban por más de 40 % de adhesiones y los contra por menos, pero ninguno, ni el más ultra fanático K por más del 50 %.

Sin embargo la realidad del 50 % sorprendió a todos, y salvo la considerada mejor encuestadora, al filo del 14, que había detectado que CFK tendría un 48 % y que coincidía con la más cuestionada por el rosario de desaciertos en las elecciones de la Capital y Santa Fe, todas la otras erraron en sus apreciaciones previas a la contienda, no solamente con los porcentajes correspondientes a la ganadora, sino también al pelotón que se situaba notablemente atrás de ella.

La oposición, sorprendida y desorientada, sin atinar a reacción alguna, víctima de sus errores no forzados, al creer que por si solo podrían imponerse sin tener en cuenta el antecedente de las elecciones del 2009, en que se posicionaban dos corrientes opositoras: la centro izquierda de radicales, socialistas y coalicionistas cívicos y la centro derecha conformada por prosistas y peronistas federales de la más diversa índole. Habían obtenido el 30 % cada una y se vislumbraba que el kirchnerismo había entrado en una franca decadencia, que salvo imponderables o errores gruesos, sería difícil de rebatir. Esos horrores se cometieron, siendo el más destacado, el que cada unidad partidaria se sentía responsable del “triunfo” y que no necesitaría de sus amigos para llegar al poder. El personalismo y el ego de casi todos, determinaron el fracaso y para el colmo el dedo privó de la presencia, de otros precandidatos que definirían en las primarias. Por lo menos, se podría haber constituido un verdadero frente amplio, y en donde cada partido pondría a su candidato a competir con los otros en la que hubiera sido una verdadera primaria.
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Cuando la tragedia tiene responsables

A las cuatro muertes absurdas ocurridas en Jujuy, sobrevino una catarata de declaraciones y explicaciones de las partes involucradas en el trágico hecho y donde el factor común de las mismas era deslindar responsabilidades y culpar, en más o en menos, a los otros. En ese sentido el Gobierno y la policía, la Intendencia, la empresa Ledesma, la Justicia y los ocupantes de los terrenos, se intercambiaban acusaciones con o sin pruebas, con tal de salvar las responsabilidades que les competen.

Lo primero, luego de la tragedia, es encontrar justicia y condenar a los responsables de los asesinatos ocurridos, para así llevar una brisa de tranquilidad, en medio del drama, a las familias de los jóvenes trabajadores inmolados en el intento de desalojo del predio ocupado, en el sentido que no habrá impunidad, sea quienes sean los culpables materiales del aberrante crimen cometido.
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Intolerancia para todos

La última que faltaba, “cerdo y lácteos para todos”. En realidad es para un 0,5 % de la población, como lo fueron “carne para todos”, “milanesa para todos” y algunos otros para todos. En definitiva, una idea que podría haber sido razonable, total un subsidio más que le hace al tigre, se convirtió en un fiasco, y todo quedó en tentativa, como todas las “cosas” inventadas por el inefable Secretario de Comercio Interior el señor omnipotente Moreno. No quiso ser, pero resultó un episodio demagógico, ni más ni menos.
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