Hasta pocos días después de la asunción de la señora Presidente de su nuevo mandato, el optimismo arrollador de sus huestes era casi infinito e intocable. El incuestionable porcentaje del 54 % de los comicios presidenciales y más aún el incremento en los índices de popularidad del Gobierno y de la Reina Madre, hacían ver un futuro pleno de gozo, solamente apenas ensombrecido por que el mandato de la soberana, era legalmente el último y podrían haber huellas de internas, aunque disimuladas por la vuelta del slogan “Cristina eterna”.
Sin embargo, de golpe y a partir de la tragedia del Once, el gobierno K soporta una serie de acontecimientos que aquél desmedido optimismo, pero comprendido, se fuera transformando, paso a paso, en una desazón generalizada de sus súbditos, solamente disimulada por que Cristina aún mantiene un alto porcentaje de adhesión, aunque en disminución y porque su mandato recién comienza y tienen esperanzas o deseos de poder revertir el mal momento político que atraviesa el kirchnerismo, aunque sea por fútbol para todos y algún otro nuevo invento de los cerebros grises de la inusual e incomprensible ideología oficial.
El fracaso absoluto de la política energética tiene un único sujeto responsable: el Poder Ejecutivo. Menos mal, que después de casi nueve años en el poder, recién se haya dado cuenta de ello, y la tardía reacción se debe, principalmente, a que la Caja K se debilita, ya que se calcula que para este año se necesitarán importar recursos energéticos por más de 12.000 millones de dólares. Revertir el déficit en materia petrolera y gasífera requiere de cuantiosas inversiones y no depende tanto de si Repsol YPF sigue siendo privada, o se transforma en una empresa mixta o estatal, sino en crear una política energética a largo plazo, y con un amplio consenso político y técnico. Después, recién, se debe decidir cual es el instrumento más adecuado para que la misma tenga éxito.
Con idas y vueltas sobre que hacer con YPF Repsol, la evidente desorientación gubernamental culmina con el lanzamiento por el poder K (quien más), de un proyecto anónimo de expropiación de parte de las acciones de algunos de los grupos propietarios, y para colmo, al parecer, basado en una ley de Videla.
El boudougate es un dolor difícil de absorber por el poder político y la defensa irrestricta de “Harley Davidson” tiene su costo, por el ataque solapado a la justicia y por el disgusto causado a un sector de los K, que culmina, por ahora, con el cargo que declina uno de los últimos auténtico “progresista” del justicialismo oficial, el Dr. Righi.
A pesar que casi toda la oposición sigue de vacaciones, el gobierno K sufre de “ataques de pánico” y su cura se hace difícil ya que el Chapulín Colorado no forma parte del poder y el Rivotril no se consigue.








