Es una mala costumbre del ser humano, culpar a otro de los pesares que atraviesa, deslindando toda responsabilidad y asumiendo el papel de víctima. Esto no es absoluto, pueden existir determinadas circunstancias, en el que un tercero pueda interferir realmente haciendo sentir su influencia para producir el daño, pero en general, lo que ocurre simplemente es no asumir la responsabilidad que a cada uno le compete.
Este comportamiento ocurre en todos lados y en todas partes. Cuando ello no es frecuente, es solamente un momento de debilidad humana, pero cuando se hace habitual es mucho más serio. Y es más grave cuando esa falta de realidad afecta a quienes nos rodean.
Ni que decir, de nuestros gobernantes, en toda época y cualquiera sea el signo ideológico del poder, ese comportamiento es casi “normal”, pero en algunos casos es más notable que en otros. Para no retroceder mucho en el tiempo, partamos del 2008, donde los responsables de todos los males era el “yuyo maldito” soja y quienes la cultivaban. Luego la culpa recayó en los medios de comunicación contreras y destituyentes encabezados por El Clarín y su Ceo Magnetto, la Nación, y sus compinches o sea cualquier medio que osara criticar al gobierno K. Luego o paralelamente las corporaciones, el capital apátrida, los piratas ingleses, los políticos opositores, Macri, hasta culminar con ex amigos, los maestros, los sindicalistas, los piqueteros, la justicia en algunos pocos casos, los ambientalistas, Repsol, Ezquenazi, Moyano, Scioli, Righi, Rafecas, Brito (Banco Macro) Blaquier (Ledesma), los pequeños ahorristas que compran dólares, los importadores, los periodistas que hacen preguntas, las paritarias, todos y todas, menos nosotros los K.
No es que todos los sectores mencionados sean angelitos, cada uno tiene su responsabilidad en los males que afectan y afectarán al país, pero la responsabilidad mayor por la inflación, la inseguridad, la falta de inversiones, la intolerancia hacia quien piense distinto, la corrupción, el dólar paralelo, el no respeto a la justicia, etc., etc., es de los gobernantes.
El consultor inglés Damián Hughes, en su libro Pensamiento Líquido, dice: “En 1964, cuando el líder ruso Nikita Kruschev fue destituido de su cargo, escribió dos cartas, que entregó a su sucesor, Brezhnev. Le dijo que cuando estuviera en una situación de la que tuviera dificultades para salir, abriera la primera carta. Y si le sucedía otra vez, que abriera la segunda. Como era de esperar, pronto empezaron los problemas y, al final, Brezhnev recordó el consejo y abrió la primera carta. Decía: Échame la culpa de todo. Así que le dijo a todo el mundo que la culpa era del jefe anterior, Kruschev, y la crisis se fue calmando y pronto pasó. Poco tiempo después, cuando amenazaba con producirse otra disputa y los problemas empezaban a manifestarse de nuevo, Brezhnev recordó lo eficaz que había sido el consejo y abrió la segunda parte. Esta decía: Empieza a escribir dos cartas”.
Ojalá, que nuestra Presidente Cristina, no tenga que abrir la segunda carta.


