Archivo mensual: marzo 2010

No es cáncer, es un reacomodamiento de células

“Siga el baile, siga el baile, al compás del tamboril…”

Si el médico diera el diagnóstico del título a un paciente enfermo de cáncer, estaría condenándolo a una muerte segura.

Hoy el cáncer, diagnosticado a tiempo, tiene inmensas posibilidades de curación, sobre todo cuando no existe metástasis, Y aún en estos casos, si la misma no fuera importante, es casi seguro que el fallecimiento del paciente se daría por otros motivos y no por la enfermedad oncológica.

Pero además, el adecuado tratamiento, en todos los casos, aún en los más graves, asegura una invalorable mejor calidad de vida, lo que resulta de singular importancia para la humanidad, por lo que su detección lo más precoz que sea factible es fundamental.

Lo digo, a pesar de no ser médico, por cuanto tengo una real experiencia personal en la materia, que en algún comentario cercano revelaré, porque entiendo puede ser útil a los que pueden pasar por esta aparente estresante situación, y mirar con optimismo el futuro.

Es indudable que el diagnóstico acertado, en tiempo y forma, puede revertir y hasta vencer el mal, como cualquier otra enfermedad, ni más ni menos.

Luego emergerá la capacidad profesional para sugerir el tratamiento adecuado y en concordancia con la opinión del paciente, la elección recaerá sin duda en el cual la mejor calidad esté presente como premisa básica para enfrentar la enfermedad.

Justamente, todo lo contrario a lo que piensan los médicos que atienden a la República. Todos los laboratorios del país coinciden en el diagnóstico de la inflación, menos el oficial (INDEC) hoy venido a menos y no respetado incluso por el compinche más compinche de los Kirchner, el inefable Hugo Moyano.
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Cambalache Siglo XXI

Si el genial Santos Discépolo viviera en el comienzo de este siglo, se sentiría azorado por las cosas que ocurren y su inspirado tango quedaría “chico” para describir la real situación argentina.

La política alcanza su más bajo nivel, por lo menos desde la restauración de la democracia en diciembre de 1983. Somos responsables todos, pero en primer plano los políticos y de éstos los oficialistas kirchneristas encabezados por su jefe Néstor y ahora bien acompañado por su obediente consorte, la Presidente, con un lenguaje vociferante y denigrante a quién no piense como dicen que piensan ellos. A la par sus obedientes y obsecuentes colaboradores que tienen, por supuesto, su reconocimiento integral por parte del poder. Quedan, sin embargo, algunos pocos convencidos de buena fe, de que todo está bien.
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Cuando la irresponsabilidad es moneda corriente

Cuando la más alta investidura real de la Nación vocifera que la oposición es golpista y todos los que no piensan a semejanza de él, también, es por que considera a todos ellos enemigos y no adversarios. Por supuesto, su obediente consorte, la Presidenta de la República, coincide en todo con él, aunque tal vez con palabras menos altisonantes, pero conceptualmente idénticas a la de su marido Néstor Kirchner. Una irresponsabilidad.

Cuando Néstor Carlos, tras sus idas y venidas, con respecto a su colega Carlos Saúl, al comienzo halagándolo desmesuradamente como el mejor gobernante que tuvo el país, y luego defenestrándolo con gestos y expresiones lisa y llanamente de una falta total de educación, y actualmente con el tema del voto 37 en el Senado, se dan literalmente las manos asociándose para el bochorno y asombro de la sociedad. “Dios los cría y ellos se juntan”. Podrá haber explicaciones de ambas partes, pero la irresponsabilidad de ambos existió.
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