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“Gobernar es también equivocarse”

macriLa semana pasada se escucharon críticas casi unánimes e impiadosas de políticos opositores y algunos oficialistas, de analistas, periodistas, comunicadores, “opinadores” y medios de difusión, no de aquellos militantes K únicamente sino de los que se consideran neutralistas y que en realidad se están transformando en fundamentalistas pseudos neutralistas y demagogos populistas, sobre las equivocaciones últimas del gobierno de Mauricio Macri, Jubilaciones y Correo, y remarcando que Cambiemos “ya no tiene margen para equivocarse.”

Creo firmemente (leer el comentario en opinionactiva.com.ar “Los fundamentalistas neutrales”) que ambos errores, no son tales y que el Gobierno de MM obró de acuerdo a la legalidad y si cambió fue por una razón de política estratégica, enmarcado en el comienzo furibundo del año político electoral.

En los últimos días en conversaciones con amigos y conocidos, que habían votado a Macri en la segunda vuelta y otros en la primera, me sorprendió el comentario de algunos de ellos, en coincidencia con aquellas críticas mencionadas de políticos opositores y de los comunicadores.

Por eso hoy, 24 de febrero, tuve una satisfacción intelectual muy grande, al leer en el diario El Clarín, un comentario realizado por un historiador y libre pensador, al que admiro, y que titulara “Gobernar es también equivocarse.” Se trata de Luis Alberto Romero, hijo del también gran historiador e intelectual argentino José Luis Romero,  considerado como el máximo representante de la corriente de renovación  historiográfica que introdujo en la década del 50, las perspectivas de la Historia Social Argentina y también reconocido por sus ideas socialistas.

Acabo de terminar de leer el libro de Luis Alberto titulado “La larga crisis Argentina. Del siglo XX al siglo XXI.” Es un ensayo brillante y polémico, que explica cómo se fue conformando la Argentina actual, en la larga historia del siglo XX. Fue profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET: Es profesor en la Universidad Di Tella y en FLACSO. Recibió el premio Konek y la beca Gaggenheim. Dirige la colección Historia y Cultura de Siglo XXI Ediciones. Es autor de varios libros y colabora en los principales diarios del país. En septiembre de 2016, fue designado miembro de la Academia Nacional de Historia.

Tuve una satisfacción intelectual muy grande y emocionante al leer su artículo publicado en el Clarín, con el cual coincido absolutamente y constatar que las ideas de un intelectual de su talla, las había utilizado intuitivamente para exponer mi pensamiento sobre el tema.     

Transcribo los dos últimos párrafos del mencionado comentario:

“Macri en cambio, ha optado por no obcecarse, reconocer que el camino elegido no era el adecuado y volver a poner el tema en discusión. Probablemente sigue creyendo que el punto de llegada es correcto, pero admite que el procedimiento debe incluir la discusión y la negociación. En muchos casos, el paso atrás le permitió luego dar dos pasos adelante y llegar a donde se proponía.”

“Puedo entender la desilusión de quienes descubren que Macri no es Súperman. También entiendo la picardía de la oposición, aunque a veces me indigne su descaro, son la reglas del juego. Lo que más me preocupa es cómo se instala la idea de que un gobierno que se equivoca y corrige “pierde capital político”. Hay en esto una suerte de nostalgia del estilo de Cristina, quien no se corregía nunca. Espero que no sea un síndrome de abstinencia. Por la salud de la democracia y de la República.”

Recomiendo leer a quienes se sienten  democráticos y republicanos, el comentario completo en http://clar.in/2mdKF2A, es imperdible.

Me imagino que los periodistas del grupo Clarín: Bonelli, Blank, Van Der Kooy, Longobardi, Nelson Castro, Morales Sola, los Leuco, etc., y otros de otros grupos, Majul, Novaresio, etc., leerán atentamente el notable escrito de Luis Alberto Romero, aunque creo que la mayoría no reconocerá su falta de objetividad, aunque su resultado sea la coincidencia con Cristina sobre la cuestión.

Por último, recordaba el comentario en la década del 80 de la periodista italiana  Oriana Falloni: “Los argentinos tienen un enano fascista adentro”. Creo que en este caso los políticos, comunicadores y amigos, también tienen algo del enano pero demagogo populista.

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Chakay Manta y Cambiemos

Iba a escribir algo sobre el debate, pero ante los innumerables comentarios realizados en los medios periodísticos, radiales y televisivos, mejor no lo hago y me remite al comentario del historiador Luis Alberto Romero, en Infobae del lunes 23, con el que coincido en todo lo que expresa.

Viajando a Salta (desde Jujuy) y sacando de apuro varios Cd para sentir música, elijo Con los Ojos Cerrados del Chango Nieto, grabado en el año 1999. Y escucho la conocidísima chacarera Chakay Manta.

Pero no solo la canta el Chango, sino que lo hace con el acompañamiento del violín de don Sixto Palavecino y el piano de don Adolfo Abalos. Tres maestros en sus especialidades. El canto conmovedor entre alegre y lloroso del Chango, el notable y único violín de don Sixto y el exquisito piano de Adolfo. Comienza  la introducción donde se destaca el “pianisto”, luego la primera estrofa con la voz del Chango y la segunda voz del violín, sigue otra vez el piano, sigue la segunda estrofa otra vez con la  voz y el violín, luego el piano nuevamente y sigue la tercera estrofa con la voz del Cango y la segunda voz ahora ejecutada por el piano del Adolfo y culmina con la voz, el violín y el piano, todos juntos, unidos en una demostración emocionante de una calidad inenarrable.

Menos mal que no se acaba, y viene la segunda, donde se repite y aumenta la emoción de sentir una música folclórica inolvidable. Tres personalidades del máximo nivel interpretativo, cada uno con su personalidad intacta, pero resignando ese legítimo orgullo, para dar cabida al lucimiento total del otro, lo que eleva la dignidad, la sincera humildad y el decoro de los tres artistas, logrando indudablemente una joya del folclore.

Y pienso, tal vez sueño: Cambiemos con Macri, Sanz y Carrió, es decir el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, dejan  de lado sus apetencias legítimas personales y coinciden en un Frente, sin perder la individualidad, pero anteponiendo al interés partidario, el interés del país. En un tiempo, donde el avance de la  corrupción, del narcotráfico, de la pobreza, de la inseguridad, y la caída de la calidad institucional, de la independencia de los poderes, de la calidad de la educación, de la salud, del fracaso de las políticas económicas (inflación, cepo, reservas del Banco Central, etc.), de infraestructura, energética, transporte, del agro, etc., y lo más importante, el considerar enemigos a los que piensan distinto; todo ello, exigía, la unión de los verdaderamente democráticos y republicanos, para revertir esta situación.

Honra a los que pensaron, que se podía disputar mano a mano el poder con los K, sin necesidad de recurrir a la “pata peronista”: Carrió, Sanz, Macri, Peña, Durán Barba y varios otros.

Y así se unen, sólidamente, la notable gestión y el trabajo en equipo del PRO, la honradez histórica de la Unión Cívica Radical y la lucha insobornable contra la corrupción de la Coalición Cívica, para constituir una alternativa válida para suplantar al decadente modelo cristinista – kirchnerista – peronista. No es una joya, es un instrumento para salvar la joya más preciada de los argentinos: la República.